Síndrome de Alienación Parental



¿Qué pasa con los hijos en una separación? Cuando el conflicto llega al síndrome de alienación parental

Una separación es generalmente dolorosa, tanto para las partes involucradas como para los hijos. Independiente del estado civil de la pareja, el distanciamiento de los progenitores siempre afecta en lo emocional e impacta la cotidianeidad de los menores. Pese a que muchas veces puede ser un alivio, dada la situación de crisis que se vivía, la primera etapa posterior a la separación suele ser compleja, porque además de las consecuencias emocionales aparejadas, deben discutirse y tomarse diversas decisiones en torno a los bienes, derechos e hijos.

A nivel cultural, las separaciones ya no impactan con la misma fuerza que lo hacían antes, cuando ser hijo de padres separados era algo complejo –incluso vergonzoso- de explicar a los compañeros del colegio, amistades o entre la misma familia, y se prefería mantener en silencio. Los quiebres conyugales han pasado a formar parte de nuestra realidad social chilena y, en la actualidad, 7 de cada 10 matrimonios termina en una separación. Mientras en 2011 66 mil parejas se casaron, 47 mil decidieron separarse (Doña y Giolito, 2012). La realidad ya no es la misma y los estudios sobre familia han debido enlazarse con la heterogeneidad, diseñando formas que den cuenta de las nuevas modalidades familiares emergentes (Fruggeri, 2001).

Lo que sí no deja de sorprendernos, son las formas de enfrentar el tema por parte de los padres, quienes muchas veces, al no lograr llegar a acuerdos, dificultan aún más el proceso de separación, afectando con ello a sus hijos. La manera en que los padres aborden la separación es crucial en cuanto a la continuidad evolutiva de los menores, teniendo en cuenta que la separación en sí misma no es lo dañino, sino el cómo lo manejan y transmiten a sus hijos (Ávila, 2006), es decir, cuánta información den a sus hijos sobre los motivos de la separación, cómo hablen del otro progenitor, la custodia y acuerdo de visitas, pensión de alimentos y diversas decisiones del proceso.

En la práctica podemos observar que existen quiebres que resultan más pacíficos que otros, por lo que las implicancias que tenga dicho conflicto dependerán en gran medida de cómo sea enfrentando por ambas partes. Uno de los riesgos que existe es hacer parte al niño/a del conflicto, por ejemplo, pudiendo ponerlo en contra del otro progenitor, haciéndolo tomar partido, mandando recados incómodos, presenciando discusiones, etc. Cuando estos daños en los niños son llevados al extremo, producto del conflicto de una separación disruptiva, aparece el Síndrome de Alienación Parental (SAP), trastorno que se muestra en la niñez y que se manifiesta casi
únicamente en el contexto de una disputa por la custodia del niño.

El SAP se caracteriza por la realización de una campaña de difamación por parte de un progenitor hacia el otro, previamente querido por el niño, que comienza con el descrédito y desprestigio hacia el progenitor alienado o acusado y termina cuando el niño lo rechaza abiertamente, volviendo propias las agresiones instauradas por el padre/madre alienante. Se pueden evidenciar en frases como “tu papá prefiere a la otra hija que tiene con la otra mujer”, “tu mamá dijo que vendría por ti hoy y no llegó… no te quiere”, o bien, obstaculizar las visitas del padre que salió del hogar, amenazar con enfermar o enojarse si va a la casa del otro progenitor, entre variados
modos que puedan utilizarse con el objeto de menoscabar la idea que se tenía del otro padre. (Maida A., Herskovic V., B. Prado, 2011).

Cuando el conflicto aumenta tras una separación, algunos progenitores sienten la necesidad de incorporar a una tercera persona (triada) que ayude a reducir la tensión, el que a su vez se implica emotivamente en la relación para disminuir el nivel de ansiedad (Bowen, 1979, en Andolfi, 2000). Pero, ¿Cuáles son las implicancias de involucrar al hijo como tercero en el conflicto conyugal? A pesar de incluir a un tercero la disputa continúa siendo de a dos, es decir, aunque el conflicto pueda parecer tener que ver en algún punto con el menor, la controversia continúa desarrollándose sobre los intereses que tiene cada progenitor. De esta manera, mientras un progenitor intenta establecer una coalición con su hijo en desmedro del otro, y el otro padre también podría pretender lo mismo, generando que el menor quede atrapado en lo que se llama “conflicto de lealtades” (Haley y Hoffman, 1974 en Andolfi, 2000). El conflicto de lealtades es uno de los tipos de conflictos que se pueden encontrar en procesos de separación y se entiende como una situación en que los hijos se ven presionados por sus padres, con el objetivo de conseguir su apoyo para beneficiar a un progenitor y perjudicar al otro (Tejedor, 2012).

Si la incorporación de los hijos no logran disminuir la ansiedad, podrían realizarse otras triangulaciones, involucrando no solo a terceras personas sino también otras instancias e instituciones. Así puede verse cómo el fenómeno del SAP puede triangular a distintos profesionales del sistema judicial, médico, psicológico, escolar, etc., que también se hacen parte del conflicto (Bowen 1979, en Campos, 2008).

¿Cómo generar una forma colaborativa entre padres que se han separado? ¿Cómo validar los derechos de un padre y su interés por buscar la protección y bienestar de sus hijos, comprendiendo a su vez los del otro progenitor? ¿Cómo regular las emociones, encontrándose inmersos en un conflicto con tal nivel de agresión, frustración, desilusión? ¿Cómo separar el conflicto conyugal de las necesidades de los hijos? Será importante para ello replantearse algunas ideas, cuestionarse si se han puesto necesidades y emociones personales por sobre las de los hijos, reflexionar críticamente sobre el proceso llevado, poniendo énfasis en que la separación no es con los hijos y que “el divorcio no pone fin a la familia, lo que hace es reorganizarla, puesto que los padres lo son para toda la vida” (Folberg, 1988 en Ávila, 2006, p. 3). Desde ese lugar será más fácil separar el rol parental que cumple el progenitor de la pareja que era anteriormente. Es decir, puede fracasar la persona como cónyuge, pero preservar su rol como padre. Y los hijos necesitan mantener ese vínculo, independiente de las diferencias y separaciones entre los padres.

Alternativas de Atención

  • Psicoterapia individual a adultas/os, adolescentes, niñas y niños
  • Atención Psiquiátrica
  • Terapia Familiar
  • Terapia de Pareja
  • Terapia de Grupo
  • Psicoterapia Reparatoria a personas víctimas de violencia
  • Terapia de Revinculación
  • Psicoterapia a Hombres que ejercen violencia
  • Pericias Psicológicas forenses
  • Evaluación de Habilidades Parentales
  • Psicodiagnóstico
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