Parejas, con hijos, en conflicto de separación



Ps. Jacqueline Riquelme

 

Entendemos la relación de pareja o matrimonio como una construcción compartida, expresada en conductas que favorecen la relación de confianza, intimidad, cuidado e influencia, cuando estas conductas decaen o se duda de ellas, comienza una etapa de desconfianza y retirada, al que sigue un estado de alejamiento y separación de la pareja, que muchas veces incluye a hijos.

 

Hay diferentes tipos de separaciones, sin embargo, la separación de parejas con hijos es la que abordaré en esta oportunidad. Estas se dan de dos modos; las que son colaborativas y las separaciones destructivas, a veces judicializadas.

 

En los divorcios colaborativos, los miembros de la familia entienden que los roles de esposa y esposo son los que desaparecen -la pareja romántica- pero, se mantiene la relación de padres, parentalidad paralela o Coparentalidad.

 

Es importante reconocer que toda separación conlleva un duelo (el dolor por la pérdida) que de ser ignorado, negado o reprimido (por los padres, o uno de ellos) será imposible abordar, entender e integrar en la experiencia propia de cada miembro y en el registro interfamiliar este hecho desde lo real. Cuando el duelo no se vivencia, se instala un componente traumático en la pareja post conyugal, lo cual se transmite a los hijos. Así las conductas de ataque o defensa se automatizan y las peleas se convierten en el estilo de comunicación habitual, sin que se reconozca la propia interacción destructiva. Este tipo de interacción siempre impactará en la estabilidad emocional de los hijos, quienes verán afectada su posibilidad de alcanzar un nivel de autonomía acorde a sus propias etapas de desarrollo y no lograrán construir una identidad familiar positiva.

 

El trauma relacional familiar, se relaciona con un acontecimiento o la suma de acontecimientos, en que el sentimiento de seguridad física y emocional de un hijo se ha visto avasallado o transgredido por la conducta de los adultos, a quienes se percibía como referentes de protección y cuidado. Se produce una ruptura relacional profunda en el hijo, donde se daña la confianza, instalando la sensación de que no es posible volver a confiar en el otro. Es muy importante considerar que son las dinámicas maltratantes las que generan las separaciones destructivas y no las conductas.

 

En el contexto de psicoterapia, lo descrito dificulta el encuadre inicial, ya que la alianza con las dos partes resulta compleja, o incluso imposible, porque la posibilidad de confiar se encuentra dañada. Las implicancias en lo destructivo, ofrece entonces un posible abordaje para tratar las responsabilidades de modo equitativo, apuntando a la reparación de lo traumático relacional.

 

Entendemos la judicialización del divorcio como la expresión de máxima interferencia y destructividad. En los divorcios contenciosos se tratan temas como la exigencia o la negativa de dar la pensión alimenticia para los hijos, impedir la relación directa, regular y permanente con uno de los dos padres o incluso considerar al hijo/s en riesgo por el mal cuidado del progenitor que mantiene el cuidado personal.

 

Es importante distinguir, la judicialización del conflicto post matrimonial, del resguardo y ordenamiento de las responsabilidades parentales.

 

En el contexto de lo contencioso, la pareja post conyugal acude al sistema de justicia para que éste module el daño, gestione la emoción al interior de la familia, es decir regule los afectos, lo cual es imposible ya que el ordenamiento judicial familiar solo aplica la ley (que es general y fría) sin considerar los emocional/afectivo.

 

En las separaciones destructiva los diferentes actores y relaciones se ven interferidos por el conflicto y se evidencia la pérdida de límites entre éstos. Entre la pareja post conyugal, entre la pareja de padres, entre la madre/padre e hijo/s y entre los hermanos.

 

La tarea de los psicólogos se inscribe en el resguardo y protección de los hijos (menores de edad) en resguardar y potenciar la hermandad, como un recurso de protección para los hijos implicados, así es importante diferenciar el ser hijo de ser hermano, para recuperar el vinculo fraterno y con ello, posibilitar la recuperación del vínculo entre los padres e hijos.

 

El vinculo entre hermanos, es una construcción emocional, ocurre en el devenir de las experiencias compartidas, requiere de momentos juntos, de experiencias comunes, independientes de la relación que se sostenga con los padres.

 

La hermandad es un espacio en el cual los hermanos aprenden aspectos muy fundamentales para la vida, relaciones con pareja, laborales, con amigos, es como un laboratorio relacional, dónde confluyen todos los afectos; positivos y negativos, permitiendo aprendizajes fundamentales para la vida adulta. Los aspectos propios de los hermanos que se pierden con las separaciones destructivas son, la temporalidad, la horizontalidad y la autorregulación.

 

Uno de los principios básicos en psicoterapia familiar post separación, es la concepción de la parentalidad desde una mirada relacional. Siempre el ser madre o padre se construye con otro, presente o ausente y en relación, al menos, con un hijo.

 

Como principal objetivo de trabajo, en los procesos psicoterapéuticos con familias que presentan o mantienen separaciones destructivas de los padres, es la delimitación o desbloqueo del proceso de duelo y la disminución de los niveles de destructividad en la pareja de padres.

 

Uno de los principios de una parentalidad positiva implica pensar a los hijos como actores protagonistas o sujetos de derechos.

 

Se ha constatado que mientras más caótica sea la separación más objetivados son los niños (pasan a ser objetos de transacción, de seducción, de castigo, etc.) En psicoterapia se busca que la pareja post conyugal ponga a los hijos al centro y comience a sostener una disposición cooperativa. En este sentido en el trabajo psicoterapéutico se necesita abordar la vinculación, reconfiguración de los límites familiares, revisar y reconocer qué fue lo que dañó el vinculo y cuáles han sido los pasos de alejamiento. La Coparentalidad mínima posible y la corresponsabilidad parental deberán ser la base de la nueva organización. No se trabaja el conflicto post conyugal, se trabaja cómo ese conflicto interfiere la nueva coparentalidad. Así mismo, es necesario considerar la realidad actual de la familia siendo la adaptación a los nuevos contextos parte del abordaje terapéutico.

 

Que los hijos o hijas se tornen invisibles, es un factor de riesgo para el desarrollo de conductas de parentalidad maltratante. La separación destructiva es una situación de maltrato infantil, ya que los padres presentan baja disponibilidad emocional para los hijos, puesto que están centrados en su dolor y en el conflicto con el otro. Es necesario abordar lo expuesto en terapia, llevando a los padres a reflexionar sobre el dolor y abandono en que están los hijos. Mostrar cómo se han dejado decisiones que afectan a los niños en manos de otros, se ha visto que algunas estrategias jurídicas se centran en destruir a la contraparte, lo que daña severamente la estabilidad emocional de los hijos en común.

 

La función fundamental del psicoterapeuta debe ser muy estructurada, con lo cual se afirma la confianza de la familia y despeja el riesgo de lidiar entre la función asignada (lo judicial) y la función terapéutica.

 

Se espera como principal logro psicoterapéutico la reducción o extinción de las conductas maltratantes y la construcción de una coparentalidad razonable.

 

 

Jacqueline Riquelme Caniuñir

Psicóloga Clínica y Forense

 

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